Reconocer que no sabemos todo tiene más ventajas que inconvenientes, tal como demostraron algunas investigaciones científicas.
La humildad intelectual implica ser consciente y asumir las limitaciones y los prejuicios de lo que se sabe y de cómo se sabe y esta característica requiere estar dispuestos a revisar los propios puntos de vista a la luz de pruebas sólidas. En el plano interpersonal, la humildad intelectual significa controlar el ego para poder presentar las ideas de forma modesta y respetuosa.
Así lo indicó el profesor de psicología Daryl Van Tongeren, del Hope College de la Universidad de artes liberales de Estados Unidos, quien añadió: “La humildad intelectual exige presentar tus creencias de forma que no estés a la defensiva y admitir cuando te equivocas. Implica mostrar que te preocupas más por aprender y preservar las relaciones que por tener ‘razón’ o demostrar superioridad intelectual”.
Otra forma de entender la humildad intelectual o de otro tipo, en palabras de este experto, es “adecuar la dosis necesaria para cualquier situación: ni presumir de saber demasiado (arrogancia), ni tampoco infravalorarse (poca autoestima)”.
En cualquier caso, el concepto de humildad intelectual cobra cada vez más importancia y los científicos han descubierto que puede tener beneficios de gran alcance, desde cómo abordamos el aprendizaje y respondemos a los fracasos, hasta cómo percibimos o somos percibidos por personas diferentes a nosotros.






















