Hay diferentes factores que influyen en la esperanza de vida de una persona y entre ellos, se incluye la herencia genética.
Sin embargo, los hábitos de vida parecen tener un impacto decisivo no solo sobre la salud, sino también sobre la longevidad, ya que una nueva investigación que analizó los hallazgos de varios estudios a largo plazo sugiere que un estilo de vida saludable puede compensar los efectos de los genes que acortan la vida en más de un 60%.
Los resultados se publicaron en la revista BMJ Evidence-Based Medicine e indican que, aunque los genes y el estilo de vida parecen tener un efecto aditivo en la esperanza de vida de una persona, un estilo de vida poco saludable está relacionado de forma independiente con un 78% más riesgo de morir de forma prematura, independientemente de la predisposición genética.
La puntuación de riesgo poligénico (PRS), una forma en que las personas pueden conocer su riesgo de desarrollar una enfermedad en función del número total de cambios relacionados con esa dolencia, combina múltiples variantes genéticas para llegar a la predisposición genética general de una persona a una esperanza de vida más larga o más corta y el estilo de vida (consumo de tabaco, consumo de alcohol, calidad de la dieta, calidad del sueño y niveles de actividad física) es un factor clave.






















