Mitos y verdades del agua con gas: cuándo es mejor tomarla

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El agua con gas se fue poniendo de moda y cada vez son más las personas que toman esta bebida sola o en combinación con agua normal durante las comidas o como refresco, en lugar de otras formas menos sanas de hidratación.

Como el agua sin gas, su versión con gas también aporta beneficios para la salud, sobre todo a nivel gastrointestinal, e, incluso, puede ayudar a perder peso. Sin embargo, hay personas que no deberían abusar de su consumo.

Lo primero que hay que saber del agua con gas es que es “agua con anhídrido carbónico, responsable de las burbujas”, explica Cristina Colina, dietista y nutricionista y miembro del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Castilla y León. “El agua con gas se diferencia en dos grupos: las aguas que contienen ácido carbónico de manera natural, desde el manantial, y las aguas minerales gasificadas, que se elaboran añadiendo posteriormente el ácido carbónico”, detalla Ana Sánchez Morillas, nutricionista-dietista y creadora de esta plataforma Paso de Dietas.

Entre los beneficios de tomar agua con gas destaca sobre todo su función saciante. Este tipo de agua “contribuye al control de las ingestas, al generar cierta presión en las paredes del estómago, lo que genera cierta sensación de saciedad, calmando y controlando el apetito”, detalla Colina. Es decir, que el agua con gas puede ser un buen aliado en la pérdida de peso si se toma antes de las comidas o durante las mismas.

Además, añade Sánchez Morillas, “contribuye a una buena salud intestinal, facilitando las digestiones, de manera similar a como lo hacen las sales de fruta o el bicarbonato”. Esto es así porque “al aportar ácido carbónico y juntarse con el ácido del estómago, se estimula la segregación de los jugos gástricos ayudando al proceso digestivo (será más rápido y eficaz) y evitando digestiones pesadas”, señala Colina.

Así, en caso de comidas pesadas -en su mayoría comidas con muchas proteínas y grasas- el consumo de este tipo de agua facilitaría su degradación, favoreciendo su paso por el intestino y evitando la pesadez estomacal, ardores, dolor y reflujos.

Según esto, las personas que más podrían beneficiarse de su ingesta serían:

  • Aquellas que padecen dispepsia o digestiones pesadas, ya que favorece las digestiones.
  • Aquellas que tienen tendencia al sobrepeso o tienen obesidad, por su efecto saciante y porque ayuda a controlar la ansiedad y el apetito durante los tratamientos de control de peso. Además, el agua con gas es una buena alternativa a los refrescos o tónicas.
  • Personas con determinadas enfermedades. Hay estudios que afirman que el consumo habitual de agua con gas puede contribuir a reducir el riesgo de enfermedades metabólicas como la diabetes, obesidad, osteoporosis o hipertensión.

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