La misión Artemis II de la NASA marcará un hito histórico al enviar a la primera tripulación humana hacia la Luna en más de medio siglo.
Sin embargo, más allá de la hazaña de llegar a la órbita lunar, el equipo de ingenieros y los cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— se preparan para la fase más peligrosa del viaje: el reingreso a la atmósfera terrestre.
Tras completar su recorrido alrededor de nuestro satélite natural, la cápsula Orion se dirigirá de vuelta a casa, enfrentándose a una velocidad vertiginosa de aproximadamente 40,000 kilómetros por hora. A esta velocidad, la fricción con las capas externas de la atmósfera generará temperaturas extremas de casi 2,800 grados Celsius (unos 5,000 grados Fahrenheit) en el escudo térmico de la nave.
Este “fuego de reingreso” es el mayor desafío técnico de la misión. Para gestionar este calor y la desaceleración brutal, la NASA utilizará una técnica llamada “skip entry” (entrada con salto), donde la cápsula rebota ligeramente en la atmósfera superior para controlar la precisión del aterrizaje y reducir las fuerzas G sobre los astronautas antes de desplegar los paracaídas en el Océano Pacífico.
Actualmente, los equipos de la NASA y la Agencia Espacial Canadiense están finalizando las pruebas del sistema de recuperación y revisando meticulosamente el escudo térmico, asegurándose de que cada componente esté listo para proteger a la tripulación en su violento pero necesario regreso a la Tierra.






















