Cuando ingresó al reality aseguró que se había distanciado después de tres años y medio de pareja.
Quedan ocho participantes en Gran Hermano y cada vez falta menos para que se conozcan a los finalistas. El hecho de que sean menos dentro de la casa más famosa del país hace que se puedan dar conversaciones más profundas entre ellos. Aunque Marcos Ginocchio sea la excepción. El joven oriundo de Salta y estudiante de abogacía mantiene un bajo perfil y elige no hablar de su vida privada. Por caso, recién en las últimas semanas tuvo una emotiva charla a corazón abierto con Camila Lattanzio, a quien le contó de las acciones benéficas que tanto él y su familia hacen al colaborar con un comedor. Algo que cualquier otro jugador hubiera utilizado para sacarle provecho y obtener popularidad.
Sin embargo, justamente es su manera de ser -tranquilo, callado, y sin buscar llamar la atención todo el tiempo- lo que lo convirtió en uno de los personajes favoritos de la casa y candidato a ser finalista y, por qué no, ganador del certamen. De hecho, en las últimas horas, él estaba en el jardín cuando se escucharon gritos de afuera: “Marcos a la final”. De inmediato, y miró al cielo y agradeció lanzando un beso al aire.
Son sus propios compañeros los que suelen destacar sus buenos modales, su caballerosidad, y el hecho de no levantar jamás la voz ni buscar confrontar, pero sí destacar cuando no está de acuerdo en algo. Aunque también hay quienes lo ven como algo en contra. En la gala del lunes, Santiago del Moro y Gran Hermano invitaron a todos los participantes a que se disfrazaran y jugaran al intercambio de roles: allí, debían decir las virtudes y defectos del otro. Y fue Julieta Poggio -con quien en algún momento se la relacionó, pese a que no pasó nada y que ella está de novia- quien le remarcó: “A veces evade algunas cosas. Es un poco tímido. A veces hay algunas preguntas incómodas que prefiere no responder, y se va. Yo quiero que te la juegues. A veces le hacemos preguntas por un juego, o zarpadas, y él agarra su tecito y se va. Se pone colorado y se va”.
Recapitulando acciones de Marcos desde que entró a la casa más famosa del país -en octubre pasado- es cierto que intenta no involucrarse demasiado ante determinadas situaciones, y mucho menos cuando se trata de hablar de él. Por caso, durante una charla con Lucila Villar -más conocida como La Tora– contó que había estado de novio hasta antes de ingresar al certamen, pero no se había querido explayar más: incluso se limitó a contar que estuvo “tres años y algo” en pareja, y de inmediato silenciaron sus micrófonos y se dejó de escuchar el resto de la conversación.
Sin embargo, semanas antes, se había permitido expresar un poco más. Fue durante una charla con Maxi, Thiago y Agustín, aunque la conversación no se vio completa porque cambiaron la transmisión de las cámaras dentro de la casa. “Ah, ¿antes de entrar estuviste tres años de novio?”, susurró el cordobés, sabiendo que al futuro abogado no le gusta hablar de eso. Sin emitir ningún sonido, el salteño asintió con su cabeza y agregó: “Eso me tiene medio cruzado”, sin explayarse demasiado.
“Ah, viene por ahí la mano”, respondió el novio de Juliana y, acotó, en tono de broma: “Dios le da pan al que no tiene dientes”. Entre risas y ya saliendo de la habitación, Marcos aseguró: “Pero, primo, hay que bancar. Hay que bancar…”. Ese comentario dejó entrever que puede seguir en pareja pero que prefiere no hablar de su relación. O bien, si decidieron distanciarse por el reality pero se reencontrarán cuando termine y definirán su futuro sentimental.






















