El debate por la Ley Ómnibus tendrá su segundo capítulo en el Congreso de la Nación durante las próximas semanas y el Gobierno se juega una parada complicada.
El antecedente de la frustrante derrota en el primer intento condiciona a propios y ajenos.
En este contexto, el Ejecutivo tomó nota y adoptó una estrategia diferente para asegurar los votos que no consiguió la vez anterior. El primer objetivo fue reasegurar el apoyo de los considerados bloques y gobernadores dialoguistas, pero también se extendieron las negociaciones hacia los sectores neutrales.
En un recinto polarizado, ganan peso los espacios que quedan por fuera de la grieta. En ese lote, los patagónicos vuelven a quedar en el centro de la escena. De las seis provincias de la región, la mitad están gobernadas por fuerzas provinciales.
Y si bien existe una intención de los gobernadores sureños de armar un espacio regional para traccionar en el Congreso, las diferencias ideológicas complican la estrategia común. Por eso el voto individual o sectorizado se revaloriza. Serán los pequeños acuerdos en base a intereses particulares los que terminen de inclinar la balanza en favor de la aprobación.






















