El foco está puesto en las dos provincias que eligen gobernador y las ocho que renuevan senadores. La pelea por los desdoblamientos y las listas dividió al peronismo en las jurisdicciones que adelantaron las elecciones.
Con la interna bonaerense encendida, Cristina Kirchner intenta, sin éxito, ordenar el Partido Justicialista en el resto de las provincias. Tiene el foco puesto en las dos que eligen gobernador (Corrientes y Santiago del Estero) y en las ocho que renuevan senadores, pero la pelea por los desdoblamientos y las listas y las intervenciones del partido en varias jurisdicciones dividieron al peronismo en las que adelantaron las elecciones.
Además, las crecientes tensiones con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, alejan cada vez más la posibilidad del PJ de alcanzar un acuerdo en la provincia bastión del kirchnerismo y lo dejan a un paso de la fractura. El escenario entusiasma al presidente Javier Milei.
Sin embargo, la amenaza de prisión que pesa sobre la expresidenta y el hecho de que en las últimas horas la fogonearon el Presidente y funcionarios del Gobierno de La Libertad Avanza podrían lograr lo que la dirigencia no pudo: encolumnar a las distintas fracciones del peronismo detrás de la figura de Cristina Kirchner.
En el peronismo hay una máxima que nadie discute: presentarse a elecciones unido amplía las chances de ganar, incluso en distritos hostiles, como la Ciudad de Buenos Aires. Ir divididos puede implicar una dura derrota. Años de elecciones acumuladas dan certezas a esa idea, pero también de que en épocas de reorganización, la unidad es casi un imposible.





















