Barreda, vuelve al centro de la escena

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Daniela Goggi reconstruye en “Barreda” la historia del odontólogo que asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra. 

La Plata, noviembre de 1992. Un hombre mató a tiros a su mujer, sus hijas y la suegra. Irónicamente, el arma era un regalo de la suegra. Detenido, dijo que las mató porque estaba harto de sus humillaciones. Quienes le creyeron también creyeron entenderlo. Lo santificaron como un mártir del matrimonio. Otros lo tomaron para la farra. La policía y los jueces no le creyeron, ni lo vieron tan loco, por tanto inimputable, como pretendía su abogado, así que en 1995 lo condenaron a cadena perpetua. Pero entre el 2×1, la buena conducta y una mujer floja de tornillos que salió de garante, con solo 17 años en la cárcel pasó a domiciliaria. Al poco tiempo se peleó con la mujer y lo devolvieron a la cárcel. Ya viejo terminó sus días abandonado en un asilo.

Esa es la historia del doctor Ricardo Barreda, antes prestigioso odontólogo, fachero, mandón, chinchudo y mujeriego, que a mitad de la vida se le dio por aborrecer a su propia familia y “se colgó en un agujero negro”. “El dentista se colgó silbando bajo a Beethoven”, agregaba la canción. Colgarse, no de una cuerda, sino de un encierro mental.

Ahora Daniela Goggi, buena directora, organiza en un vaivén lo que Barreda contaba y lo que probablemente haya sucedido. Una hija estaba por casarse e irse del hogar (justo esa que alguna vez lo admiró tanto como para seguir su misma profesión). La otra también pensaba irse, y la mujer con la suegra proponían con toda lógica vender la casa y mudarse a una más chica. Son leyes de la vida que cualquier hombre normal acepta, pero este sujeto habrá sentido que lo querían bajar del pedestal y decidió “aplicarles un castigo”.

Goggi propone esta mirada y Luis Machín la asume de un modo perfecto. El no se parece a Barreda pero compone muy bien la imagen del psicópata camino al estallido. Carla Peterson, Maite Lanata, Margarita Páez, muestran cómo madre e hijas intentan acercarse y a la vez le temen. Paola Barrientos compone a la amiga intrigante que con sus fantasías místicas alimenta los delirios del doctor. Esa mujer existió de veras, aunque parezca imposible que un hombre de formación científica pudiera aceptar sus disparates. Película bien armada, bien equilibrada y expuesta, sin frases hechas y con una música que transita desde Mozart a Wagner pasando por Banana Pueyrredón, “Barreda” se sigue con interés y con dolor, y deja pensando. Se estrena en Amazon Prime Video. Merece estar también en los cines y en los debates públicos.

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