El secreto está en no dejar que la carga llegue al 100%.
Los celulares ya son una parte imprescindible de nuestras vidas. Nos acompañan a todos lados y hasta se convirtieron en herramientas de uso habitual para trabajar, comunicarse, informarse y entretenerse. Así, de la dependencia que tenemos por estas verdaderas computadoras de bolsillo, nació un problema que nos afecta a todos: la duración de sus baterías. Es que sin ellas, y aunque suene obvio, los smartphones no sirven para nada.
En los últimos años, los avances tecnológicos trajeron algunas soluciones para este inconveniente, como los puertos inalámbricos o los sistemas de carga rápida. Sin embargo, esta situación sigue robando la tranquilidad a los usuarios.
Además, este componente fundamental, especialmente cuando el dispositivo ya no es nuevo, comienza a durar cada vez menos y las personas se ven obligadas a llevar un cargador a todos lados o, en el peor de los casos, a usar el teléfono conectado a la corriente para conservar su energía.
En cuanto a los celulares Android, su batería tiene una vida útil que con el uso se va degradando. Así, a los dos años aproximadamente, su capacidad se habrá visto reducida. ¿La principal razón? Los ciclos de carga.




















